Las diferencias entre los distintos tipos de gas que existen

Mercado eléctrico

Ahora que el gas está en boca de todos como fuente de energía, es interesante conocer más sobre él. Por eso, queremos mostrarte las diferencias que hay entre los distintos tipos de gas que existen.

Como verás, hay ventajas e inconvenientes en cada uno, además de que algunos tipos de gas parecidos en composición (como el gas natural y el biogás) pueden tener orígenes y cualidades muy distintas.

Los principales tipos de gas que existen

El gas es un recurso indispensable, porque cubre las tres principales necesidades energéticas que tenemos:

  • Calor. Para ducharnos, cocinar y calentarnos.
  • Electricidad. Que se puede generar a partir de la combustión del gas.
  • Movilidad. Ya que puede ser combustible para vehículos.

Los diferentes tipos de gas que existen se pueden clasificar en:

  • Gas natural. De origen fósil, es el más común y usado a la hora de suministrar energía. Puede ser el origen de otros tipos de gas que vamos a ver.
  • Biogás. Del que te hemos hablado a fondo anteriormente y que es un tipo de gas de composición similar al natural, pero con un origen distinto, al ser biológico y no fósil. Tiene algunas ventajas ambientales con respecto al gas natural, como ser renovable.
  • Biometano. Un biogás más puro que el anterior. Eso le proporciona cualidades ambientales interesantes, como menos contaminación cuando combustiona.
  • Butano. Este gas es un clásico que se sigue usando, sobre todo, para el hogar, gracias a su facilidad de almacenaje y transporte.
  • Propano. Otro gas muy interesante gracias a que, igual que el gas natural, puede ser canalizado, o bien almacenado en grandes cantidades.
  • Hidrógeno. La eterna promesa energética, este tipo de gas es muy diferente a los anteriores, tanto en su origen, como en su composición y cualidades.

Veamos ahora, de manera sencilla, cada uno de esos tipos de gas, sus ventajas, usos y diferencias.

El gas natural

De origen fósil, como el petróleo, es el tipo de gas más extendido y comercializado. Tiene grandes ventajas, como ser el más barato a la hora de producir energía. Tanto de manera directa (calentando el agua o permitiendo cocinar), como a la hora de producir electricidad.

Es importante aclarar esto último, sobre todo, teniendo en cuenta que el gas está siendo, ahora mismo, uno de los principales motivos del precio elevado de la electricidad. 

El gas natural produce dicha electricidad a un precio mucho más caro que las renovables, por ejemplo, pero también la produce mucho más barata que usando cualquiera de los otros tipos de gas. Usar propano o butano puede, fácilmente, triplicar el coste del kWh generado a partir de gas.

El gas natural está compuesto, sobre todo, de metano, es un recurso no renovable y contamina al quemarlo, aunque lo haga menos que otros combustibles fósiles.

El biogás

Como su nombre indica, es un gas de origen biológico, producido a partir de la biomasa. La digestión de los microorganismos presentes en esa biomasa (desecho vegetal o animal) produce este tipo de gas como residuo.

Como también está compuesto, en su mayoría, de metano, es similar energéticamente al gas natural y puede, incluso, usar las mismas instalaciones.

La gran ventaja respecto al gas natural fósil es que el biogás es renovable. Sin embargo, eso no significa que no sea contaminante. En su composición hay dióxido de carbono, que es el principal gas que produce el efecto invernadero. 

La gran desventaja, aparte de contaminar, es que es más costoso de producir que el gas natural fósil y por eso no está más extendido.

El biometano

Podríamos decir que es una clase de biogás, pero más refinado, de manera que tiene más porcentaje de metano de origen biológico (de ahí su nombre) y menos dióxido de carbono

Eso lo hace menos contaminante y más interesante desde el punto de vista ambiental. De hecho, puede emitir entre un 50% y un 60% menos de residuos que el carbón.

Sin embargo, esto tiene el inconveniente habitual, que es más costoso aún de fabricar, por lo que su producción no está tan extendida.

El butano

Este clásico de toda la vida es un gas que se extrae de dos maneras principales:

  • Destilando petróleo.
  • Fraccionando el gas natural.

Siendo líquido, su principal ventaja es que es fácil de almacenar y transportar, permitiendo tener gas para cocinar, calentarnos nosotros o calentar el agua cuando la instalación de gas natural no llega a un lugar.

Es más caro que el gas natural y no se puede canalizar, además de que no es renovable y contamina (aunque, de nuevo, menos que otros combustibles fósiles, como el carbón).

El propano

De nuevo, proviene del refinado del petróleo y el gas natural. Es el gas más versátil, ya que se puede canalizar como el natural, almacenar en bombonas como el butano e incluso en depósitos grandes, para no tener que estar cambiando la botella cada dos por tres.

Las desventajas son que, dado su origen, no es renovable, sigue contaminando en su combustión y, además, suele ser el más caro cuando calculamos el coste por kWh de energía generada.

El hidrógeno

Aquí cambiamos radicalmente de tercio, ya que es un gas de origen y cualidades muy diferentes al resto. 

El hidrógeno ha sido siempre la gran promesa, porque es un gas con unas excelentes cualidades energéticas y tan abundante (es el principal ingrediente del agua) que es inagotable. Del mismo modo, no contamina y permite generación de electricidad, calor y movimiento.

¿Cuál es el gran reto? Que sigue siendo costoso de producir en comparación con el resto, lo que hace que los avances y la adopción del hidrógeno sigan yendo muy despacio. 

Como vemos, hay muchos tipos de gas y, aunque comparten similitudes en muchos casos, tienen importantes diferencias. Eso ha hecho que, a día de hoy, el gas natural fósil siga siendo el más usado y habitual.

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