¿Qué es la energía termoeléctrica? Tipos y aplicaciones

Compromiso con el planeta

La energía termoeléctrica, como su nombre indica, es la que usa el calor para generar electricidad

Aunque el mecanismo para conseguir esto es muy similar en todas las instalaciones termoeléctricas, la forma de poner en marcha dicho mecanismo es muy distinta, según sea el tipo de energía que estemos usando para producir ese calor.

Por eso, te explicamos cómo funciona, qué tipos de termoeléctrica hay y cuál será su papel en el futuro energético.

¿Cómo funciona la energía termoeléctrica?

El mecanismo principal de la energía termoeléctrica se basa en usar el calor para aumentar la temperatura de un fluido (en muchos casos agua) hasta que este se evapora. El vapor liberado activa una turbina, la cual comienza a girar. De esta manera, la energía térmica se convierte en cinética (energía del movimiento). 

Dicha turbina está conectada a un generador que, gracias a este movimiento, puede producir electricidad.

El vapor y su energía han sido muy utilizados a lo largo de la historia, tanto para transporte (como Cen los antiguos trenes y barcos) como para esa electricidad.

Por eso, la energía termoeléctrica está muy extendida.

¿Qué tipos de energía termoeléctrica hay?

Podemos clasificar la energía termoeléctrica de distintas maneras, pero la más habitual es teniendo en cuenta el combustible usado para generar el calor y la electricidad.

1. Energía termoeléctrica basada en combustibles fósiles

Es la más utilizada a lo largo de la historia y se basa en quemar combustibles no renovables, como carbón principalmente, gas natural y en menor medida petróleo. Esa quema genera el calor que evapora el fluido y mueve la turbina.

De hecho, aunque empieza a disminuir su influencia, la energía termoeléctrica sigue siendo, según datos de la IEA (International Energy Agency), la mayor fuente de energía eléctrica en el mundo. Casi 10 millones de GWh de electricidad fueron producidos por el carbón en 2017, y casi 6 GWh adicionales se produjeron mediante gas natural.

Para que nos hagamos una idea, esto significa más del 60% de la energía producida en 2017. Dentro de las renovables, la energía eólica contribuyó ese año con algo más de 1 millón cien mil GWh y la solar con 443.000 GWh.

Por eso, aunque el carbón está sufriendo un serio declive, y resulta más caro que las renovables, la energía termoeléctrica de origen fósil todavía es la más importante.

Aunque como veremos, es posible que esto cambie radicalmente muy pronto.

2. Energía termoeléctrica de origen nuclear

En este caso, el combustible usado para calentar el agua es el uranio (y en menor medida, el plutonio) mediante la fisión que se produce en el reactor de una central nuclear.

De hecho, ese «humo» que vemos salir por las torres de una planta de este tipo es vapor de agua, ya que mediante la fisión se consiguen altas temperaturas que evaporan dicha agua.

3. Energía termoeléctrica de origen renovable

Aquí encontramos principalmente 2 subtipos de energías:

  • La energía geotérmica: que aprovecha el calor natural del interior de la tierra para evaporar el agua y producir electricidad.
  • La energía termosolar: que recoge el calor del sol, lo concentra sobre un fluido y puede evaporarlo también para generar la energía necesaria.

Sin embargo, ahora mismo, la energía termoeléctrica de origen renovable tiene una participación muy reducida en el total de producción.

De hecho, las principales aplicaciones de la energía geotérmica y termosolar se basan en utilizar directamente el calor para climatizar un lugar o calentar fluidos en procesos industriales.

¿Cuál será la evolución de la energía termoeléctrica en el futuro?

2020 está siendo un año crítico para la energía, en el que la crisis del coronavirus está acelerando la actual etapa de cambio inevitable. En ella, la energía termoeléctrica de origen fósil tiene una tendencia descendente.

Con el descenso de consumo a causa de la pandemia, este descenso se ha acentuado tanto, que algunos predicen que es el golpe final para el carbón, que cada vez es más caro e ineficiente. 

De hecho, como se suele usar la energía termoeléctrica del carbón para completar la demanda de electricidad, al reducirse esta, el papel del carbón es cada vez menor.

Dos ejemplos de este hecho.

Gran Bretaña, a 10 de junio de 2020, llevaba nada menos que 60 días sin quemar carbón para generar electricidad. Ha sido el período más largo desde que comenzó la Revolución Industrial.

En Estados Unidos, se lleva consumida más energía de renovables en 2020 que de combustible fósil, cuando hace 10 años la mitad de esa electricidad era generada por carbón.

Mientras, otros estudios ratifican que es posible que España y la mayoría de países se puedan suministrar solamente con energías renovables. De la misma manera, el potencial térmico del sol es gigantesco, y la innovación en las termoeléctricas renovables puede llevarlas a alcanzar un papel muy relevante.

Así que, mientras que la energía termoeléctrica fósil está saliendo de la ecuación mucho más rápidamente de lo previsto, a este tipo de energía le queda mucho por decir en sus formas no contaminantes.

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